Estoy segura de que todos en algún momento de nuestra vida hemos puesto una semilla a germinar. Tal vez fue en la primaria con el típico frijol, o por la locura de ser la señora de las plantas, o tal vez eres de los afortunados que en su familia se dedican a la agricultura. Con la experiencia que hayamos tenido sabemos que las semillas necesitan de ciertas condiciones externas óptimas para poder germinar y, en su debido tiempo, ser una planta. Ese estado donde la semilla espera las condiciones óptimas para germinar se llama dormancia. Sin embargo, ¿sabías que hay semillas que aun teniendo las condiciones externas óptimas no germinan?
Las semillas pueden tener dos tipos de dormancia: interna y externa¹. La dormancia interna es el estado en el que las semillas no pueden germinar por “restricciones propias” a pesar de que las condiciones ambientales son óptimas. Por otro lado, la dormancia externa controla la germinación de las semillas por las propiedades del entorno ambiental. En el estado de dormancia externa la semilla está lista para germinar, pero el ambiente no lo permite, en cambio, la dormancia interna es como si la semilla “decidiera” no germinar.
Viviendo en dormancia
Escribo esto el 2 de enero. Pensando, sin mucha esperanza, las metas para este año 2026. Entre mis tiempos de reflexión trataba de encontrar la razón de mi desánimo. ¿Por qué no me siento tan entusiasmada como otros años? Aunque suene cliché, se llama ansiedad. O como el autor Héctor García Barnés lo definió, futurofobia, que no es más que esperar a que ocurra algo malo². Seguramente muchos de ustedes se encuentran en la misma situación que yo. Viviendo una dormancia interna llamado miedo al fututo donde a pesar de que las condiciones son óptimas nos da miedo avanzar.
Tal vez has subestimado tu potencial y dejaste proyectos inconclusos porque esos pensamientos te invadieron. O simplemente te da miedo intentar porque piensas que quedarás en ridículo. Tal vez has huido de esa conversación incómoda e importante por miedo a lo que podría pasar. O probablemente lo peor ya está pasando ya sea una enfermedad, una pérdida, una gran deuda o una noticia que marca un antes y un después en tu vida, y sencillamente no sabes cómo afrontar el futuro. Sea cual fuere la situación, vivimos reaccionando a las situaciones difíciles o bien evitándolas o bien maldiciendo y victimizándonos. “Estamos tan cansados y estresados que vivimos como animales que únicamente aspiran a sobrevivir un día más. Que no nos echen, que no nos suban el alquiler, que no les pase nada a nuestra familia y amigos”².
He notado que este síntoma de desilusión por el futuro es muy común, sobre todo en mis contemporáneos millennials y la gen Z. No es de extrañar que este mismo sentir se haya filtrado en la iglesia. El autor David Chilton explica “piensa en las grandes catedrales de Europa y compáralas con los edificios de las iglesias en la actualidad. Aquellas catedrales fueron construidas para que duraran por siglos. Pero las iglesias modernas evangélicas son construidas para que duren a lo máximo una generación. No esperamos estar por aquí mucho tiempo. Ni siquiera esperamos tener biznietos. Se puede decir con confianza que pensar en descendientes que vivan dentro de 500 años no es parte de los pensamientos de la mayoría de los evangélicos hoy”³. Y es más fácil notarlo cuando ciertas corrientes cristianas se la han pasado por décadas afirmando que vendrán tiempos peores.
¿Cómo romper la dormancia?
Entonces ¿nos quedaremos estancados por miedo al futuro? ¿es mejor ser pesimista y esperar lo peor para no desilusionarme? De ninguna manera. La biblia tiene muchos versículos donde Dios le promete a sus hijos que su buena voluntad se manifestará en ellos. Sin embargo, no quiero caer en un intento de evangelio y se entienda que manifestar una actitud positiva y versículos sin contexto nos vamos a olvidar del miedo al futuro y por ende tendremos éxito en todo lo que nos propongamos. La vida es más complicada que esto. El verdadero evangelio un poco más, y con ello más profundo y hermoso.
Uno de los versículos más usados para traer consuelo a nuestros corazones cuando de ansiedad se trata, o meramente para darle la bienvenida al año nuevo, es Jeremias 29:11:
Pues yo sé los planes que tengo para ustedes—dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza. Jeremias 29:11
Sin embargo, no hay que malinterpretar el versículo. No se trata de Dios haciendo desaparecer nuestros problemas solo por recitar y creer con todas tus fuerzas en ese versículo. Tampoco se trata de que nunca más tendrás aflicciones o momentos difíciles. Se trata de una promesa dada a sus hijos, es decir, a aquellos que han hecho de Jesús su Señor. Donde promete que todas las cosas que nos pasan son para nuestro bien. Sean buenas o malas a NUESTROS ojos.
Mencioné que es más profundo y hermoso, pero no deja de ser complicado porque la vida cristiana no es una vida con ausencia de problemas. Muchas veces estos se intensifican. Es una vida en total dependencia de Dios. Donde aún si estamos pasando por el desierto más denso, Dios estará con nosotros, nos dará paz y usará ese desierto para nuestro crecimiento espiritual y como persona. Es profundo porque es difícil de entender, porque la paz de salir del problema la entiende hasta la persona más atea, pero la paz que Dios promete sobrepasa todo entendimiento pues nos mantiene en el aprieto para enseñarnos verdadera paz⁴. Una paz que no depende de las circunstancias. Y es hermoso porque después de cada dificultad y si hemos perseverado, encontraremos mayor intimidad, admiración y dependencia del Señor⁴.
Con ese contexto, ahora tienen todo el sentido del mundo pensar que el Señor bendice al justo y lo rodea con su favor (sal 5:12), no seremos decepcionado (sal 22:5), no seremos avergonzados (sal 25:3) bendecirá a su pueblo con paz (sal 29:11), librará nuestra alma de la muerte (sal 33:19), en días de hambre nos saciará (sal 37:19) y cuando caigamos, no quedaremos derribados (sal 37:24). Con todo, no desmayemos pues sabemos que veremos Su bondad (sal 27:13).
Así que, termina ese proyecto, inténtalo, afronta esa conversación, haz esa llamada, sueña. Y si las noticias del año pasado te dejaron un mal sabor de boca, aún con lágrimas en los ojos, las manos temblorosas y la mente abrumada, confía en Dios, confía en que su voluntad es buena, agradable y perfecta para tú futuro.
16 Es por esto que nunca nos damos por vencidos. Aunque nuestro cuerpo está muriéndose, nuestro espíritu va renovándose cada día. 17 Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades! 18 Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre.2 corintios 4
Referencias
1. Lamont, B. B., & Pausas, J. G. (2023). Seed dormancy revisited: Dormancy-release pathways and environmental interactions. Functional Ecology, 37, 1106–1125. https://doi.org/10.1111/1365-2435.14269.
2. García Barnés, H. (2022). Futurofobia: Una generación atrapada entre la nostalgia y el apocalipsis. Plaza & Janés. ISBN 978-84-01-02846-5.
3. Chilton, D. (2008). El paraíso restaurado: una teología bíblica de dominio.
4. Sura, A. (2023). No desperdicies tus emociones: Cómo lo que sientes te acerca a Dios y le da gloria. B&H Publishing Group. ISBN 978-1087754758.














